Este es un cuento que escribí hace tiempo, pero es perfecto para el próximo 14 de febrero.
UNA HISTORIA DE CUPIDO
Don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus al explorar una antigua casa, se cayó en un pozo muy profundo y para salir de ahí, hizo un pacto con el Diablo, el cual lo dejaba libre a cambio de su alma. Sin embargo, luego quiso recuperar su alma, así que el Diablo le hizo otro trato (con un contrato de 400 páginas) en el cual si lograba capturar a Cupido, le devolvía su alma.
Así que don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, estuvo armando una treta para capturar a Cupido el 14 de febrero, día de san valentín. La treta consistia en buscar a Cupido en una universidad donde muchas personas veían a otras, el lugar ideal para lanzar las flechas de amor. Sin embargo, entre encontrar a Cupido y atraparlo, había mucho espacio por recorrer.
Don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, al haberse convertido en un ser maldito que le había vendido su alma al diablo, podía ver los seres celestiales como Cupido, sin tener que hacer mucho esfuerzo (ni tampoco comprar un Cupid Viewer por 899.99 en Ebay). Por esta razón, estuvo en la universidad desde muy temprano para tratar de visualizar al famoso Cupido.
Pasaron varias horas y no había rastros de Cupido bajo el esquema de un ser angelical con un arco y muchas flechas. Tal vez Cupido no había pensando en aparecer en esa universidad, o tal vez Cupido no existia y el diablo le estaba jugando una broma a don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, quien se estaba empezando a desesperar por no encontrar a ese ser mitológico. A eso de las 11:29 am, una extraña sombra hacía zig zags por el campus universitario. No era posible verla claramente, solo con el rabillo del ojo se percibía un movimiento rápido en zig zag, que hacía recordar a las almas en pena en los cementerios, pero a diferencia de ellas, esta sombra no traía consigo frio, sino calor y alegría. Era Cupido, no había duda.
Por estar maldito, don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, había conocido los antiguos conjuros de demonios y las invocaciones necesarias para obtener el poder de los símbolos oscuros, así que con tan solo dibujarlos en el césped y esparcir dos lágrimas de una joven virgen, consiguió el poder de la velocidad extrema. (Para obtener las lágrimas de una joven virgen, le dijo a la bibliotecaria que era gorda, fea y que durante San Valentín iba a ver a los demás felices, mientras ella estaba ahí sola sin nadie a quién amar; también había un plan B para obtener las lágrimas, pero el salón de tortura estaba ocupado por la CIA).
Ya con el poder de la velocidad extrema, don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, estuvo corriendo detrás de Cupido, dejando una estela fría y triste que enrarecía el ambiente de amor que había dejado Cupido. A pesar de ir muy rápido, aún no lograba ver al ser mitológico, quien al parecer ya lo había visto y estaba intentando huir. Ni con la velocidad extrema era posible alcanzar a Cupido, así que don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, decidió invocar el poder de la fuerza sin límite y la velocidad infinita, a pesar de las consecuencias: por cada invocación, muere un gatito.
Con los nuevos poderes, fue más fácil divisar a Cupido, aunque no parecía como lo habían descrito antes, puesto que vestía una armadura flexible de color gris con líneas verticales rojas; además, llevaba consigo un enorme arco de tecnología nunca antes vista por seres mortales, capaz de lanzar 200 flechas por segundo. Las flechas, estaban en un compartimento especial del arco, con lo cual era posible realizar recargas automáticas sin mucho esfuerzo. El rostro de Cupido estaba cubierto por una máscara blanca e inexpresiva.
En una esquina de la plaza principal de la universidad, se encontraba don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus, vistiendo tenis, jeans, gafas protectoras y una camiseta que decía ‘Devil without soul’; en la otra esquina estaba Cupido vistiendo armadura gris con rayas verticales de color rojo, una inexpresiva mascara blanca y un arco sofisticado con alimentación automática de flechas. Ninguno de los dos decía algo o se movía de su ubicación; tan solo mantenían la vista fija el uno en el otro, sin expresar el más mínimo movimiento.
De pronto, don Diego Irwing Andres Bustamante Le Orcus tomó la iniciativa e hizo un poderoso conjuro de soledad que lanzó hacia Cupido, quien al mismo tiempo tomó una flecha y se lanzó contra su oponente, en cuya confrontación, generó un enorme haz de luz que cegaba los corazones.
Tras la dispersión de la luz, los oponentes estaban abrazados el uno al otro, con la diferencia que Cupido tenía una flecha atravesando su cuerpo y al mismo tiempo don Diego Irwin Andres Bustamante Le Orcus sentía una soledad infinita. El abrazo era más cálido aún por la sangre que salía del cuerpo de Cupido, quien en un acto de último esfuerzo, se quitó la inexpresiva máscara para mostrar que era una hermosa mujer. Don Diego Irwing Andres Bustamante Le Orcus se sorpendió que Cupido fuera mujer, pero se sorprendió aún más cuando ella despidiera su vida dándole un dulce beso con metálico sabor a sangre.
En las leyes celestiales estaba escrito que quien diese muerte a Cupido, debía cumplir su rol por el resto de la eternidad, hasta que alguien lo matara; al mismo tiempo, el ser que le dio muerte a Cupido era un demonio sin alma, atormentado por el diablo. Por esta razón, desde que un demonio tomó el rol de Cupido, los amores duran menos y están llenos de tormentos. Solo cuando el recuerdo de un efímero beso toma posesión de Cupido, las flechas lanzadas tienen el poder del amor verdadero. Sin embargo, Cupido está perdiendo la memoria.